A BOTAR
31-01-2005 19:25:27
Ayer millones de irakíes se jugaron la vida (más de treinta llevaban las peores cartas) para hacer algo tan elemental como ir a votar. Y, casualidades del destino, hoy me llega la tarjeta del censo para votar en la Constitución Europea. ¿Será que mi subconsciente quiere que compare situaciones? Me temo que no hay comparación posible. Yo me levantaré ese domingo, desayunaré tostadas y un zumo de frutas, compraré el periódico, le echaré un vistazo, juguetearé con las pelotillas del ombligo, miraré por la ventana y, dependiendo de si me pica el pulgar o el índice del pie derecho, bajaré a votar por la mañana o por la tarde. Un irakí se habrá levantado sin la necesidad de ponerse corbata porque ya estaba ocupado su sitio por los cojones, habrá comido mal y poco, habrá rezado, se habrá despedido de la familia quizá para siempre, y habrá emprendido su particular vía crucis hacia el colegio electoral (otra anomalía, el colegio, que posiblemente haya sido un taburete con una mesa y un cubo para las papeletas; todo, eso sí, rodeado de decenas de soldados irakíes dispuestos a ceder un brazo o una pierna, o si se tercia la vida, a favor de la democracia). ¿Os imagináis a Bushito jugando al golf o maquinando un nuevo Irak en Irán mientras estallan las bombas a taaaaannnnnta, taaaannnnnnnnta distancia de su casita? Quizá haya botado de alegría al ver los inesperados resultados de participación, que le concederán un margen de error en su política internacional. Me temo.
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