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EL CUENTO DE LA PRINCESA BASTARDA

20-05-2005 14:03:47
Había una vez un rey que tenía tres hijas. La primera era guapa, la segunda fea, y a la tercera le daba lo mismo, pues vivía recluída en una tinaja de vino. Las dos primeras se casaron enseguida, apenas entradas en la mocedad, y ya habían inundado el palacio con impertinentes retoños. La tercera malvivía con las hogazas de pan y los sorbos de agua que le concedía su padre de vez en cuando. Todo el pueblo se preguntaba el motivo de semejante castigo, pero lo que nadie sabía era que el rey había sido corneado por un plebeyo que huyó del reino. Y no encontrándole ni debajo de las piedras, consumó su venganza en la hija bastarda.

Un día llegó a palacio un príncipe venido de lejanas y desconocidas tierras. Buscaba refugio durante unos días, mientras descansaban sus caballos y los pies de sus siervos. Amigables fueron sus formas. Tanto que el rey decidió enseñarle la criatura de la tinaja. Todo su ser se estremeció al observarla. Pero no asqueado, sino maravillado. Rogó al rey que le permitiera llevársela de allí, hincó sus rodillas, le ofreció baúles de oro y joyas, le babeó las uñas de las manos, se las limpió a continuación... Pero el rey era inflexible: nadie rescataría a la princesa bastarda de su condena. Entonces el príncipe, desesperado, salió al jardín y le prendió fuego. Y luego a las cuadras, y a la caseta del juglar, y al bosque que bordeaba el palacio, y al escudo real. Tanto crecieron las llamas que el propio palacio se vio seriamente amenazado primero y furiosamente devastado después. En medio de aquel infierno, la princesa bastarda, que no conocía el lenguaje más allá de los ronquidos, empezó a chillar como una fiera enjaulada. El príncipe la escuchó a lo lejos, y también al ejército que venía en su dirección. Debía tomar una decisión: salvar al amor de su vida, o salvar su vida pero sin amor.

Si esto fuera un cuento de perdices, el príncipe esquivaría las llamas, abriría el tonel y rescataría a la princesa postiza con un beso. Luego lo celebrarían con el vino del tonel y vivirían felices para siempre. Pero este cuento no incluye perdices, ni siquiera unos miserables gorriones. Así que el príncipe, que ya de pequeño había sufrido un percance con el fuego y desde entonces le tenía pánico, tiró de las bridas de su caballo, le giró el paso y cabalgó como el viento en pos de su reino, en donde le esperaban un matrimonio de conveniencia y dieciocho hijos de los que no se sabía ni el nombre.

Y grisín, grisado, este cuento ha terminado.

Categoría: CUENTOS 1 Comentario(s) & 0 Referencia(s)



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Comentarios
Comentario hecho por the wonders, el día 20-05-2005 14:31:02h.
Pues no veas como tenia que ser la tinaja de grande, no? Que cosas extrañas pasan en los cuentos...



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